viernes, 23 de septiembre de 2011

Hojas de otoño

Desprendernos ó dejar ir eso que tanto queremos. Nunca aprendemos cuando es el momento adecuado, a veces la vida nos va forzando hacerlo, el sufrimiento es inevitable.

Algunas veces necesitamos desprendernos de esos malos hábitos que sólo nos empiezan arrumbar como cosas viejas. Otras necesitamos desprendernos de sentimientos que hemos tenido guardados por mucho tiempo, que por falta de valentía, miedo, timidez, no decimos y se van acumulando, hasta que llega el momento de no poder tenerlos guardados en ese pequeño baúl que creíamos que nunca iba a ser abierto. Ó simplemente la vida te empieza a mandar señales, quizá ya es el momento de desprendernos y dejar ir a esa persona que amamos, por más que queramos algunas veces ya es el momento.

Y así como estas veces puede haber muchas más. No aprendemos ó quizá no es el momento de saberlo, no lo sé. Entiendo muy poco la vida, cuando creemos que tenemos el timing, nos enseña que nosotros no le vamos marcando el paso, es la vida misma quien te lo va marcando. Se burla de nosotros a nuestras espaldas.

Ya paso el invierno, la primavera y el verano. Estamos en otoño, la estación del año en la que las hojas de los árboles comienzan a caerse, quizá, también debamos dejar caer esas hojas que se volvieron amarillas para que en su momento vuelvan a tomar ese color verde característico.

No estoy segura de esto, no tengo idea de que vaya a pasar mañana. Sólo creo que a veces la naturaleza es más sabia que nosotros, ella lleva años de existencia yo sólo tengo 20. 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Esperanzas rotas

Aún no te has ido y ya empieza a dolerme tu ausencia.
Daría lo que fuera, porque no sufrieras.

Se me hace un nudo en la garganta.
Escucho los sollozos de mi alma.

Nos diste valor cuando las piernas nos temblaban.
Nos diste esperanza cuando no creíamos en nada.
No creíamos en milagros, pero tú eres uno de ellos.

Nuestro corazón se esta cuarteando.
Las esperanzas empiezan a romperse. 
Pero aún tengo esperanza, tú nos enseñaste a no perderla

domingo, 4 de septiembre de 2011

No vengo a escribir un discurso


No suelo escribir cuando los rayos del sol caen sobre mi ventana, suelo ser amiga de la luna. Quizá porque en la noche la sinfonía de la calle, los carros, las personas,  es más tenue,  mis vecinos no están en la alberca  gritando cosas que ni siquiera entiendo, puede ser que en la noche soy más yo, puedo escuchar mejor eso que por las tardes me grita.

Mis notas se han convertido en una especie de bitácora personal, porque un diario definitivamente no, ese lo tengo guardado en el cajón más inaccesible, hay cosas que son demasiado mías.

Debido a la incompatibilidad de mi rutina con mi mundo de aficiones y sueños, no me ponía escribir, a darle una ojeada a mi vida. Escribo, porque me hace pensar, me recuerda las cosas que suelo olvidar,  a darme mi tiempo aunque el mundo siga andando, es como meter un freno de mano y ponerme a escuchar esa bella melodía. Escribir me hace la vida más ligera y agradable, le da ese toque artístico. Considero que el arte es la magia de la vida, con ella podemos hacer qué un plato de sopa sea completamente interesante.

Escribir, entre otras actividades más, es esa vía alterna de la espantosa rutina, le da sentido a mi vida.

Con esto no quiero decir que se pongan a escribir y sean felices,  sino que sus vidas tengan sentido siempre, eso es lo que te da la felicidad.